Humus de lombriz líquido

24 May LA FERTILIDAD DEL SUELO

Una de las bases de la agricultura es conseguir una “buena” tierra donde se pueda sembrar, recoger una gran producción, y que esta sea de gran calidad.

No en vano, Naciones Unidas estableció el año 2015, año internacional de los suelos. La importancia de los suelos para la agricultura y por tanto para la seguridad alimentaria del planeta, es de gran trascendencia y existe una gran preocupación por el rápido deterioro de las tierras y su perdida de fertilidad.
Jes Weigelt, miembro del Instituto de Estudios para la Sostenibilidad (IASS), advierte que las condiciones del suelo se están deteriorando en todo el mundo: “ Esta es una catastrofe que se acerca lentamente”. La situación en muchas regiones del mundo es muy grave”.
La población mundial crece constantemente, y todos quieren comer, tener un techo, utilizar las carreteras y las infraestructuras. Pero las tierras cultivables se reducen más y más. Cada año se pierden 24 mil millones de toneladas de suelo fértil, debido a la erosión, las construcciones, las inundaciones, la extracción de recursos o sobreexplotación en la agricultura.

¿Qué es exactamente el suelo?

 

entrada blog 1-2016-1El suelo está compuesto por minerales, materia orgánica, diminutos organismos vegetales y animales, aire y agua. Es una capa delgada que se ha formado muy lentamente, a través de los siglos, con la desintegración de las rocas superficiales por la acción del agua, los cambios de temperatura y el viento. Los plantas y animales que crecen y mueren dentro y sobre el suelo, son descompuestos por los microorganismos transformándolos en materia orgánica y mezclándolos con el suelo.
En el suelo se multiplican miles de formas de vida, la mayoría invisibles para nuestros ojos. Una hectárea de tierra fértil puede contener más de 300 millones de pequeños invertebrados: insectos, arañas, lombrices y otros animales diminutos. La tierra que cabe en una cuchara puede encerrar un millón de bacterias, además de cientos de miles de células de levaduras y pequeños hongos.
Todos las sustancias que forman el suelo son importantes por sí mismas, pero lo fundamental es el equilibrio adecuado entre los diferentes constituyentes.
La materia orgánica y los microorganismos aportan y liberan los nutrientes y unen las partículas minerales entre sí. De esta manera, crean las condiciones para que las plantas respiren, absorban agua y nutrientes y desarrollen sus raíces. Lombrices, bacterias y hongos también producen humus, que es una forma estable de materia orgánica. El humus retiene agua y nutrientes y ayuda a prevenir la erosión. Para conseguir sostenibilidad en nuestros suelo, debemos estimular la actividad de los microorganismos, manteniendo o aportando una cantidad adecuada de materia orgánica.

Y la fertilidad del suelo, ¿Qué es?

 

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Una rápida definición la podríamos construir diciendo que la fertilidad de un suelo es la capacidad que tiene este para generar vida, para sostener el crecimiento.
Sabemos que para que las plantas crezcan precisan de agua y determinados minerales. Estos los absorben del suelo por medio de sus raíces. Un suelo es fértil cuando tiene los nutrientes necesarios, es decir, las sustancias indispensables para que las plantas se desarrollen bien.
Las plantas consiguen del aire y del agua algunos elementos que necesitan, como el carbono, el hidrógeno y el oxígeno. Otros nutrientes esenciales están en el suelo: aquellos que los vegetales requieren en grandes cantidades se llaman nutrientes principales. Son el nitrógeno, el fósforo, el potasio, el calcio y el magnesio. Proceden de las rocas que dieron origen al suelo y de la materia orgánica descompuesta por los microorganismos. Los nutrientes deben estar siempre presentes en las cantidades y proporciones adecuadas.
Un suelo es fértil cuando:

  • Su consistencia y profundidad permiten un buen desarrollo y fijación de las raíces.
  • Contiene los nutrientes que la vegetación necesita.
  • Es capaz de absorber y retener el agua, conservándola disponible para que las plantas la utilicen.
  • Está suficientemente aireado.
  • No contiene sustancias tóxicas.

Los suelos naturalmente cubiertos de vegetación conservan su fertilidad. Un ejemplo es el bosque: las raíces de los árboles sujetan la tierra, el follaje de las copas suaviza el impacto de la lluvia y la fuerza del viento. Las hojas secas que caen (hojarasca), junto con los animales muertos y sus excrementos, se pudren y son descompuestas por los microorganismos, formando humus. El humus es un abono orgánico que enriquece el suelo, aumenta la porosidad superficial, absorbe el agua lentamente y la retiene.